Uno de los rasgos que define a una población son sus hábitos alimentarios. Una de las mayores aportaciones del imperio romano a los pueblos que conquistaba era la introducción del cultivo denominado la triada mediterránea, la vid, el trigo y el olivo, que han conformado la base de la dieta mediterránea que aún conservamos como uno de nuestros mayores tesoros culturales y que aporta cierta unidad a todos los países de la cuenca mediterránea. Si venimos más cerca y pensamos un poco en cada zona de este país a cada una le podemos adjudicar un alimento típico: desde el chorizo de Pamplona a la paella valenciana pasando por la mantequilla de Soria, el cocido madrileño, la morcilla de Burgos, el pescadito frito andaluz o el plátano de Canarias. Productos que para nosotros son tan normales pero que para un habitante de otro lugar del mundo pueden resultar repugnantes porque nunca los habían considerado un alimento. Para la mayor parte de los habitantes de Europa hablar de insectos es hab...