Esta es la historia de un niño despierto, alegre y divertido, un niño absolutamente normal. Toda su infancia fue normal, como la de los demás niños. Aprendió a caminar y a hablar y leer con soltura cuando le tocaba, jugaba y se divertía con su familia y con otros niños, era un niño absolutamente normal. Cuando llegó a la adolescencia algo empezó a no ir como debía y sintió que perdía oído. Además, una inflamación en la lengua le impedía artícular correctamente las palabras y sus padres decidieron llevarle al médico para ver qué podía estar ocurriéndole. Tras varias visitas a otros tantos especialistas, algunas pruebas y mucha incertidumbre tuvieron el diagnóstico de una enfermedad degenerativa incurable. Antes de los 25 años perdíó el oido completamente y al poco tiempo también perdió la vista. Su equilibrio fallaba y ya no podía ir andando solo a ningún sitio. El mundo exterior se había convertido para él en algo innaccesible. Poco a poco, su familia empezó a escribirle en la man...