Una cueva oscura, hace 30.000 años. El aire es frío y huele a humedad y al sebo que se quema en la lámpara. Puedes oír las gotas que caen de las estalactitas al suelo, como un metrónomo ancestral. De repente, un golpe seco a una de ellas rompe el silencio. El sonido del primer golpe se amplifica por el eco de la cavidad. Siguen golpeando la roca en distintos sitios y surgen distintos tonos: la roca y el eco producen un ritmo y nace la música. Este código de ritmos no era solo entretenimiento; fue uno de los primeros lenguajes simbólicos de nuestra especie. En la prehistoria existieron manifestaciones simbólicas que han dejado sus rastros en ajuares funerarios, pinturas y esculturas, pero otras como los adornos corporales o la música y la danza no fosilizan. Eso no quiere decir que pongamos en duda su existencia en tiempos paleolíticos, si no que tenemos que saber leer las evidencias e ir más allá de la simple observación visual para constatarlas. ...
Durante siglos, los mitos no fueron simples relatos, fueron la Historia. En las sociedades premodernas se los escuchaba sin distancia crítica y sin apenas duda, hablaban de un pasado real, transmitido de generación en generación con la única tecnología disponible, la voz y la memoria. Aquiles había existido. Los aqueos habían entrado en la ciudad dentro de un enorme caballo de madera. Troya había ardido. Los dioses habían intervenido en la guerra. No era un simple cuento para entretener, era el pasado. La sospecha sobre la veracidad de los mitos llegó más tarde, cuando empezó a desarrollarse una idea más exigente de Historia y cuando la cultura cristiana miró aquellos relatos paganos con una mezcla de condescendencia y superioridad moral. Eran historietas ingeniosas y entretenidas, pero propias de una edad infantil del mundo, previo a la verdad revelada y a las bibliotecas y archivos. Durante siglos, lo que había sido memoria histórica pasó a considerarse ficción elegante y entre...