El mundo simbólico de las sociedades cazadoras recolectoras de la prehistoria siempre ha despertado curiosidad y ha sido objeto de debate desde que se descubrieron los primeros objetos decorados. Las representaciones prehistóricas componen un lenguaje que nos habla de las formas de vida y de la organización de esas sociedades y que para esos individuos tenía un sentido y transmitía un mensaje reconocible e interpretable. Cuando llegó el Holoceno, la benignidad del clima favoreció un cambio importante en el modo de vida que condujo a cambios sociales que trajeron nuevas creencias y las grandes cuevas dejaron de ser los lugares de referencia de ese nuevo simbolismo.
La búsqueda del significado al fenómeno del simbolismo paleolítico y a las representaciones que han trascendido hasta nuestros días han conformado distintas teorías que eran hijas de los movimientos filosóficos y arqueológicos del momento en el que se formulaban. Desde finales del siglo XIX hasta los años sesenta del siglo XX se ha intentado explicar el fenómeno de las creencias y el mundo simbólico paleolítico partiendo de las figuras representadas en cuevas y objetos y tomando tres puntos de vista para su estudio: la temática de las representaciones, las asociaciones entre las figuras y el contexto arqueológico en el que se hallaban y, por último, estableciendo paralelos entre las evidencias paleolíticas y los pueblos cazadores recolectores actuales.
En 1968 André Leroi-Gourhan presentó la obra Prehistoria del arte occidental en la que rompió con el paradigma de estudio de las representaciones prehistóricas. Recogió datos de 66 cuevas de Francia y de la cornisa cantábrica centrándose en la tipología de las representaciones y en la topografía de las cavidades. Basándose en el estructuralismo, una corriente teórica de la antropología en la que los fenómenos sociales son sistemas de signos y símbolos interpretables ideó un innovador método de estudio a base de fichas perforadas, cada una con una información sobre las figuras, que le permitió establecer relaciones y comparaciones entre los datos que encontró en las cuevas. Encontró asociaciones recurrentes, una estructura compositiva en los grandes paneles y una distribución topográfica de los temas dentro de la cueva. Para él, estaba claro que las grutas no se decoraban de manera aleatoria y al azar, sino que constituían un todo simbólico que se construía según una planificación compartida por todas las personas que realizaban en ella pinturas o grabados. A este nuevo concepto lo llamó “cueva santuario”.
De los más de mil temas iconográficos que identificó en las cuevas que estudió, delimitó siete conjuntos de fauna entre los animales que aparecían y a cada grupo de dio una letra. Los grupos A (caballo) y B (bisonte/uro) eran más de 50% del total de animales estudiados y estaban en casi todas las cuevas. El grupo C (cérvidos, caprinos, mamuts y renos) serían el 10% de las representaciones y un 2 % el D, que es el de los animales peligrosos (osos, felinos, rinocerontes, cánidos…). El resto de los grupos, el E (teriántropos, animales-humanos y animales fantásticos), el O (aves) y el P (peces) entre todos no llegarían al 1% de las representaciones.
Esta clasificación también la aplicó a los signos, que son las representaciones gráficas más abundantes del arte paleolítico. A los signos los dividió en abiertos o alargados (S1), que serían los que dominarían en número, los signos complejos, de formas geométricas o cerradas (S2) o puntuaciones y digitaciones (SE). Al estudiarlos, detectó que los del tipo S2 tenían una clara distribución territorial, apareciendo algunos solo en zonas muy concretas. Este descubrimiento abrió una nueva línea de investigación que continuó en los años noventa Moure cuando estudió los signos de las cuencas del río Ansón y del Sella relacionando la movilidad, la territorialidad y la organización social de los grupos identificados en la zona en la que representa unos mismos signos.
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| Gran panel de Altamira con los animales agrupado9s según el modelo de Leroi-Gourhan |
Leroi-Gourhan además de estudiar y clasificar figuras y signos según su tipología diferenció su presentación en las diferentes áreas de cada cueva definiendo un modelo topo-iconográfico. El cruce de toda la información anterior le llevó a concluir que existía un patrón temático que se repetía en la mayoría de las cavernas y que suponía una distribución concreta de las figuras según las estancias.
Los caballos (A) a los que otorgaba valor masculino y los bisontes (B) de valor femenino, siempre estaban de manera destacada representados en el centro de los paneles mientras que los ciervos y cabras o los cánidos (C) solían aparecen en los márgenes de los grandes paneles y en las zonas de paso y las entradas de las cuevas. A los animales peligrosos los localizó en al fondo de las cavidades y en los lugares de paso. Las manos y los signos aparecían en las entradas, pero también formando parte de los grandes paneles y, los signos más complejos, podían aparecer también en camarines escondidos. Esta asociación temática y topográfica sería el esquema básico del modelo de cueva santuario paleolítico.
André Leroi-Gourhan dio valor a las relaciones entre figuras y al contexto, además de a los análisis estructurales serios y complejos que no se habían realizado hasta ese momento para estudiar el arte paleolítico. Este nuevo enfoque hizo avanzar mucho la metodología y la investigación en esta disciplina. Sin embargo, su modelo resultó excesivamente rígido y los nuevos descubrimientos han constatado que hay una falta evidente de uniformidad topográfica en las cuevas y que la distribución de las figuras no sigue en muchos casos el patrón. El estudio tuvo errores metodológicos, como el no haber computado la totalidad de las representaciones gráficas de los grandes paneles y la elección arbitraria de las cavidades y paneles a estudiar. De todas formas, si hay partes de su modelo topo-iconográfico que funcionan, como la dedicada a los divertículos y los signos complejos. Su gran aportación fue pensar en las cuevas como un todo iconográfico, como un santuario, una idea que ha calado y persiste entre los investigadores que continúan por este camino y en la cultura popular.
Este post participa en la iniciativa #PVmodelos de @hypatiacafe.bsky.social @hypatiacafe
Fuentes
Leroi-Gourhan, André (1968). Prehistoria del arte occidental. Editorial Gustavo Gili, Barcelona
Leroi-Gourhan, André (1984). Arte y grafismo en la Europa prehistórica. Ed. Istmo, Madrid
Leroi-Gourhan, André (1984). Símbolos, Artes y Creencias de la Prehistoria. Ed. Istmo, Madrid
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Qué curioso, ni me lo había planteado. Siempre aprendo contigo 😊
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