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Homero, Troya y Schliemann: cuando los mitos guiaron a la arqueología

  Durante siglos, los mitos no fueron simples relatos, fueron la Historia. En las sociedades premodernas se los escuchaba sin distancia crítica y sin apenas duda, hablaban de un pasado real, transmitido de generación en generación con la única tecnología disponible, la voz y la memoria. Aquiles había existido. Los aqueos habían entrado en la ciudad dentro de un enorme caballo de madera. Troya había ardido. Los dioses habían intervenido en la guerra. No era un simple cuento para entretener, era el pasado. La sospecha sobre la veracidad de los mitos llegó más tarde, cuando empezó a desarrollarse una idea más exigente de Historia y cuando la cultura cristiana miró aquellos relatos paganos con una mezcla de condescendencia y superioridad moral. Eran historietas ingeniosas y entretenidas, pero propias de una edad infantil del mundo, previo a la verdad revelada y a las bibliotecas y archivos. Durante siglos, lo que había sido memoria histórica pasó a considerarse ficción elegante y entre...
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Cuando la piedra puso nombre al tiempo

Hay palabras que no solo describen cosas, sino que ordenan el pasado como si fueran estantes de bibliotecas. Paleolítico y Neolítico son dos de ellas. Suenan a museo, a vitrina llena de fósiles y a carteles discretos, pero estas palabras nacieron de algo mucho más físico y ruidoso: golpes de piedra contra piedra. Herramientas. Cantos afilados. Manos humanas aprendiendo a dialogar con la materia. Que las grandes etapas de la prehistoria lleven nombres derivados de los materiales que usaban para sus instrumentos no es casualidad. Es una declaración de principios sobre quiénes somos y cómo llegamos hasta aquí. Como decía Leroi-Gourhan llamamos Prehistoria a la “Historia antes de la escritura” , un larguísimo periodo de la humanidad que abarcaría el 99% del tiempo que llevamos los seres humanos en la Tierra. Según el consenso académico, los primeros sistemas de escritura aparecen hacia el 3500-3300 a. C. en Mesopotamia. Todo lo anterior, desde los primeros homininos bípedos hasta las socie...

Catástrofe controlada

La arqueología tiene un secreto incómodo: su epistemología funciona como una pequeña catástrofe controlada. Para saber más, hay que destruir un poco. Suena dramático, pero es así: un yacimiento nunca vuelve a ser el mismo tras una excavación. Para llegar a las partes más antiguas, hay que retirar con mimo las capas superiores, como quien deshoja un hojaldre… pero sin el impulso glotón de llevárselo de un mordisco. Porque si arrancas una capa de golpe, adiós información: ese estrato jamás podrá volver a estudiarse. Las primeras excavaciones prehistóricas, a finales del siglo XIX, estaban llenas de entusiasmo y de herramientas poco sutiles. Personas ansiosas por encontrar grandes fósiles removían la tierra con más ilusión que método. Como ocurre en toda ciencia joven, tuvieron que pasar décadas para refinar la técnica. Con la ayuda de otras disciplinas, la arqueología aprendió a extraer cada vez más datos y mejores. ¿La consecuencia? Que las campañas se hicieron más lentas. Y mucho. Hoy,...

Dorothy Eady: arqueología, reencarnaciones y amores faraónicos

No tengo muy claro si Omm Seti tiene una historia de película… o si, más bien, era una peliculera. Y es que en la historia de Dorothy Eady o de Omm Seti, una nunca sabe si está leyendo un guion de Hollywood, una tesis de egiptología o el diario íntimo de una reencarnada calenturienta. Su vida podría ser, perfectamente, una peli de aventuras al estilo Indiana Jones , con arena en el pelo, momias que no lo son tanto y una heroína que, en lugar de huir del templo, se queda en él a vivir como si fuese su cortijo. O también podría ser un drama histórico, digno de El paciente inglés , en el que una mujer recuerda amores imposibles a través de vidas sucesivas, bajo el ardiente sol del desierto. Aunque claro, con Dorothy el público no sabría si lo que ve es locura, memoria y arqueología, magia y misterio…su vida puede dar para un thriller psicológico también del estilo de El sexto sentido . Incluso, si le ponemos un poco de ironía británica y con el humor que dicen tenía la señora, daría para ...

La resistencia de las palabras

Esta es la historia de un chico normal. Tan normal como cualquiera. Un pequeño que jugaba, corría, se reía ruidosamente y protestaba y lloraba moqueando cuando se enfadaba con los demás niños. Aprendió a hablar cuando le tocaba, a leer cuando debía, a decir “no” y “sí” como si fueran llaves para abrir el mundo, a tomar decisiones buscando su sitio. Tenía amigos en la escuela, en el pueblo, disfrutaba como cualquier otro chaval…todo normal, hasta que dejó de oír. Fue sutil, casi traicionero, ocurrió en la adolescencia. A l principio pensaron que eran tapones, alguna inflamación leve por un catarro reciente, p ero la cosa no mejoraba tras la medicación. Pensábamos que “pasaba de todo”, al fin y al cabo era un adolescente y esta edad no se caracteriza por hacer demasiado caso a sus mayores. Pero después vino la lengua, que empezó a enredarse con sus propias palabras, porque estaba más grande y más torpe. Los sonidos ya no le llegaban claros, y él ya no podía articularlos como hacía antes....

Una caja para la curiosidad

Siendo sincera consigo misma, María pensó que no necesitaba otros zapatos. Volvió a mirar el cuero marrón y la sencillez de sus formas y notó que empezaba a sentirse arrepentida por la compra. En el zapatero de su casa había varios pares y, aunque ninguno era nuevo del todo, tenía que admitir que aún estaban en buen uso. “No ha sido solo por la caja. No me he comprado unos zapatos solo por una caja de cartón, ¡qué tontería!”-se dijo. Pero en el fondo sabía que se engañaba y que su compra estaba motivada por la C. Necesitaba una segunda caja para la C. Llevaba varios años pidiendo a familiares y amigos que le guardaran sus cajas de zapatos y ya tenía las 27 que le habían hecho falta hasta entonces, pero quería una más. Hacía tiempo que ya nadie le traía ninguna y la necesidad la apremiaba. Tenía las cajas apiladas en cinco montones, cada una con una letra, colocadas por orden alfabético, en un rincón del salón. Así era fácil moverlas y abrirlas cuando tenía que incluir una nueva ficha y...